Cuentan que reírse es un acto intrínsecamente humano y
también dicen que es muy bueno para la salud, yo supongo que la
mental, y para eso también hay doctores; se hacen llamar payasos.
Desde el primero hasta el último; desde el bufón de la corte
hasta Jim Carrey nos han hecho reír de todas las maneras. Y hacer
reír en el cine tiene también un nombre: la comedia. Desde
Charles Chaplin y Buster Keaton hasta Almodóvar y Gómez Pereira
(sí, son españoles, pero con permiso de Woody Allen no hay ejemplos
americanos válidos de buena comedia actual) pasamos por el gran
Billy Wilder, Blake Edwards, los ZAZ (Zucker-Abrahams-Zucker) o ¿por
qué no? los Monty Python.
Cualquier cosa que haga reír es válida; una caída,
un efecto sorpresa, personajes estereotipados y caricaturescos, situaciones
absurdas, hombres vestidos de mujer, dobles sentidos, ironías, juegos
de palabras, equívocos, malentendidos, repeticiones, tabúes
sexuales, parodia, ...
Una excusa argumental que permita todo esto y lo incluya ya será
una comedia. La construcción de este argumento en comedia suele
consistir en la presentación de sus elementos (objetos y personajes)
para una posterior confluencia en un clímax en el que (supuestamente)
más nos tenemos que reír.
Podemos quitar de su contexto a un estereotipo y la historia andará
sola. Podemos vestir de mujer a dos músicos y meterlos en un tren
con una banda de mujeres, así tenemos Some Like It Hot de
Billy Wilder. También podemos construir un pequeño universo de
personajes e ir descubriendo las relaciones que entre ellos existen. Si
a la receta le añadimos tomate, cebolla, puerro, pimientos,... (un gazpacho),
y un taxista al que le gusta el mambo nos sale un vodevil llamado Mujeres
al borde de un ataque de nervios de Almodóvar. O enlazar situaciones
absurdas una detrás de otra que sean derivadas del cine de leyenda
medieval (como en Monty Python and the Holy Grail) o del de catástrofe
aérea (Airplane! de los ZAZ).
En fin, de ejemplos, innumerables y a patadas, pero como he dicho más
de una vez, no hay nada como una película de Woody Allen (Manhattan
si he de decir una) en el botiquín para aquellos momentos en que
lo que más duele es el corazón.